(Post publicado originalmente el 11 de enero de 2008 en el blog personal de Guillermo de León)
A pesar de las constantes advertencias de mi madre de no quedarme en el campus muy tarde, Ciudad Universitaria siempre me había parecido un lugar seguro. Cuando he caminado tomado de la mano o tirado en el pasto con algún chico en las islas, las reacciones homofóbicas nunca han sobrepasado un par de encuentros con la inocencia infantil, más divertida que inmediatamente ofensiva. La primera vez ocurrió hace poco menos de un año, yo estaba acostado con alguien en el pasto cuando un niño que vendía dulces se aproximó a nosotros y, después de ofrecernos su mercancía, me preguntó por qué mi novia tenía barba; en ese entonces yo salía con un chico con vello facial y cabello largo. La segunda ocasión tuvo lugar un par de meses atrás. Me encontraba en las mismas circunstancias con alguien más cuando un par de niños llegaron acompañados de sus familiares para jugar con un balón de fútbol. Los dos niños persiguieron el balón hasta estar a pocos metros de nosotros, uno de ellos nos vio y, sorprendido por contemplar en persona algo de lo que sólo había oído hablar, exclamó: “¡Mira! ¡Son homosexuales!”.
La UNAM no es solamente la máxima casa de estudios de México y la universidad más importante de América Latina, es la punta de lanza del pensamiento social y científico del país, un espacio para la discusión libre y el surgimiento de nuevas ideas. La Universidad no puede continuar siendo todo esto si no es un lugar seguro donde los derechos humanos se cumplan cabalmente. El pasado 23 de noviembre una pareja de estudiantes homosexuales, Víctor Chavarría y Samuel Santarosa, fueron retenidos ilegalmente y sometidos a violencia física por parte del personal de Auxilio UNAM, el cuerpo de seguridad que resguarda las instalaciones universitarias. La noticia se publicó en línea el 28 de diciembre de 2007 en el sitio de la agencia NotieSe (la pueden encontrar en: http://www.notiese.org/interior.shtml?sh_itm=fc52406ff95e36f7ba93a1dd02bd4d61); en ella se da cuenta del abuso y hostigamiento que parecen tener como único pretexto la preferencia sexual de los agredidos. La respuesta de Víctor, “¿Y cómo sabes que yo no lo soy”, cuando personal de Auxilio UNAM le sugirió desplazarse de la zona donde se encontraban por que por ahí “hay mucho pinche maricón” fue lo que desató el ataque.
El caso de Víctor y Samuel no es aislado. Se tienen noticias de muchos más, incluyendo una golpiza en lo que se conoce como el Camino Verde, un lugar de ligue gay desde hace varias décadas, y gran parte de quienes tenemos preferencias no heterosexuales estamos conscientes, casi por instinto, de que no debemos hacerlas públicas de ninguna forma cuando un vehículo de Auxilio UNAM se encuentra cerca, si apreciamos nuestra integridad física.
Es sensato sospechar que estos dos jóvenes hacían algo más que descansar en el auto antes de ser agredidos y quizás las prácticas que se llevan a cabo en el Camino Verde no deberían realizarse en espacios públicos, pero esto no es justificación para los crímenes efectuados por el personal de Auxilio UNAM. Es bien sabido que no son sólo algunas personas de preferencias no heterosexuales quienes realizan actos sexuales en Ciudad Universitaria, pero son éstas quienes reciben abusos y violaciones a sus derechos más graves y con más frecuencia. Independientemente de si existió una infracción o una falta a la moral (si es que llevar a cabo prácticas sexuales en estos espacios constituye una), el proceder de Auxilio UNAM violenta la integridad de universitarios y universitarias, así como nuestros derechos, particularmente el derecho a la no discriminación.
Como yo, hay varias personas que sentimos una enorme indignación por los abusos y violaciones a derechos humanos que se experimentan en Ciudad Universitaria, por lo que hemos decidido manifestarnos en contra de ello el próximo 13 de febrero al medio día en la Torre de Rectoría. Si han sido víctimas de abusos como estos, les rogamos que no se queden callados: denúncienlos. Existen organismos que pueden ayudarles como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Si comparten nuestra indignación, manifiéstenla con nosotros, consulten el documento de protesta que será entregado al Rector en http://nodiscriminacionunam.blogspot.com/, si están de acuerdo fírmenlo enviando sus nombres al correo nodiscriminacionUNAM@gmail.com y hagan correr la noticia de que los universitarios y las universitarias estamos inconformes.
Guillermo de León.
Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras.
A pesar de las constantes advertencias de mi madre de no quedarme en el campus muy tarde, Ciudad Universitaria siempre me había parecido un lugar seguro. Cuando he caminado tomado de la mano o tirado en el pasto con algún chico en las islas, las reacciones homofóbicas nunca han sobrepasado un par de encuentros con la inocencia infantil, más divertida que inmediatamente ofensiva. La primera vez ocurrió hace poco menos de un año, yo estaba acostado con alguien en el pasto cuando un niño que vendía dulces se aproximó a nosotros y, después de ofrecernos su mercancía, me preguntó por qué mi novia tenía barba; en ese entonces yo salía con un chico con vello facial y cabello largo. La segunda ocasión tuvo lugar un par de meses atrás. Me encontraba en las mismas circunstancias con alguien más cuando un par de niños llegaron acompañados de sus familiares para jugar con un balón de fútbol. Los dos niños persiguieron el balón hasta estar a pocos metros de nosotros, uno de ellos nos vio y, sorprendido por contemplar en persona algo de lo que sólo había oído hablar, exclamó: “¡Mira! ¡Son homosexuales!”.
La UNAM no es solamente la máxima casa de estudios de México y la universidad más importante de América Latina, es la punta de lanza del pensamiento social y científico del país, un espacio para la discusión libre y el surgimiento de nuevas ideas. La Universidad no puede continuar siendo todo esto si no es un lugar seguro donde los derechos humanos se cumplan cabalmente. El pasado 23 de noviembre una pareja de estudiantes homosexuales, Víctor Chavarría y Samuel Santarosa, fueron retenidos ilegalmente y sometidos a violencia física por parte del personal de Auxilio UNAM, el cuerpo de seguridad que resguarda las instalaciones universitarias. La noticia se publicó en línea el 28 de diciembre de 2007 en el sitio de la agencia NotieSe (la pueden encontrar en: http://www.notiese.org/interior.shtml?sh_itm=fc52406ff95e36f7ba93a1dd02bd4d61); en ella se da cuenta del abuso y hostigamiento que parecen tener como único pretexto la preferencia sexual de los agredidos. La respuesta de Víctor, “¿Y cómo sabes que yo no lo soy”, cuando personal de Auxilio UNAM le sugirió desplazarse de la zona donde se encontraban por que por ahí “hay mucho pinche maricón” fue lo que desató el ataque.
El caso de Víctor y Samuel no es aislado. Se tienen noticias de muchos más, incluyendo una golpiza en lo que se conoce como el Camino Verde, un lugar de ligue gay desde hace varias décadas, y gran parte de quienes tenemos preferencias no heterosexuales estamos conscientes, casi por instinto, de que no debemos hacerlas públicas de ninguna forma cuando un vehículo de Auxilio UNAM se encuentra cerca, si apreciamos nuestra integridad física.
Es sensato sospechar que estos dos jóvenes hacían algo más que descansar en el auto antes de ser agredidos y quizás las prácticas que se llevan a cabo en el Camino Verde no deberían realizarse en espacios públicos, pero esto no es justificación para los crímenes efectuados por el personal de Auxilio UNAM. Es bien sabido que no son sólo algunas personas de preferencias no heterosexuales quienes realizan actos sexuales en Ciudad Universitaria, pero son éstas quienes reciben abusos y violaciones a sus derechos más graves y con más frecuencia. Independientemente de si existió una infracción o una falta a la moral (si es que llevar a cabo prácticas sexuales en estos espacios constituye una), el proceder de Auxilio UNAM violenta la integridad de universitarios y universitarias, así como nuestros derechos, particularmente el derecho a la no discriminación.
Como yo, hay varias personas que sentimos una enorme indignación por los abusos y violaciones a derechos humanos que se experimentan en Ciudad Universitaria, por lo que hemos decidido manifestarnos en contra de ello el próximo 13 de febrero al medio día en la Torre de Rectoría. Si han sido víctimas de abusos como estos, les rogamos que no se queden callados: denúncienlos. Existen organismos que pueden ayudarles como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Si comparten nuestra indignación, manifiéstenla con nosotros, consulten el documento de protesta que será entregado al Rector en http://nodiscriminacionunam.blogspot.com/, si están de acuerdo fírmenlo enviando sus nombres al correo nodiscriminacionUNAM@gmail.com y hagan correr la noticia de que los universitarios y las universitarias estamos inconformes.
Guillermo de León.
Estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras.
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